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Los últimos días del efectivo

En la Antigüedad era común encontrarse con monedas de variados materiales y diseños, la mayoría adornadas con deidades o reyes propios de cada civilización, lo que las convierte en un importante legado de su cultura para la posteridad. En la Antigüedad era común encontrarse con monedas de variados materiales y diseños, la mayoría adornadas con deidades o reyes propios de cada civilización, lo que las convierte en un importante legado de su cultura para la posteridad. 


Desde aquellos tiempos el efectivo forjó el camino que lo convirtió en el principal mediador para cualquier tipo de transacción. 


Hoy, miles de años después, y así como ocurrió con las grandes ciudades e imperios, su dominio está siendo amenazado por ciertos invasores.

Los más recientes corresponden a las llamadas monedas virtuales, donde se encuentra por ejemplo al bitcoin, las cuales ya cuentan con un creciente número de seguidores. 


Pero una amenaza más importante para el dinero en efectivo ha llegado en forma de pasarelas de pago, verdaderos puentes entre las tarjetas bancarias y el comercio electrónico. 


Solamente Chile durante el 2019 acumuló transacciones por más de siete mil millones de pesos de manera online, esto gracias a plataformas como Transbank, hoy una de las más estables y seguras dentro del ecommerce; en la actualidad, la mayoría de las tiendas virtuales han optimizado sus sitios para incluir pasarelas de pago para vender vía internet. 


Es cierto decir que las monedas y billetes cuentan aún con una importante presencia en el día a día pero, ecommerce aparte, han sido las mismas entidades bancarias las primeras en cuestionar su utilización. 
Las acciones relacionadas con la circulación del efectivo (ya sea su impresión, transporte o manipulación) requieren de un enorme esfuerzo operacional y logístico, lo que se traduce en una importante inversión de tiempo y -más- dinero. 


Existe también el problema de la ilegalidad que circula en torno al efectivo: la mayoría de las actividades ilícitas transan con él puesto que es mucho más difícil de controlar y detectar. 


Por último, cargar con dinero “material” ha sido desde tiempos inmemoriales un imán para robos y atracos. Todo lo anterior apunta a una tendencia proclive a beneficiar nuevas y diferentes formas de transar bienes y servicios, y solo los días venideros determinarán el destino final del efectivo. 


Es probable que, así como ocurrió en la antigüedad, nuestras divisas se transformen en un vestigio más del paso de nuestra civilización.